Dos citas. Dos planes. ¿Dos objetivos?
Dos citas. Dos planes. ¿Dos objetivos?
No es un caso aislado. En nuestra profesión nombramos los servicios de distintas formas, según el centro, el colega o la entidad que los contrata. A veces los nombramos por un diagnóstico (terapia de apraxia, terapia de disfagia). Otras veces, por una técnica o un enfoque (terapia oromotora).
Quiero proponer algo sencillo: organizar y nombrar los servicios por el área de práctica, no exclusivamente por el diagnóstico ni por la técnica. No se trata de prohibir denominaciones ni de eliminar servicios especializados, sino de revisar cómo los organizamos y comunicamos, y qué consecuencias tiene esa organización para nuestros pacientes y sus familias.
Tres nombres que conviene revisar
1. Terapia oromotora.
El término describe un conjunto de técnicas o un enfoque de intervención, no necesariamente un área de servicio independiente. Es importante distinguir entre los ejercicios oromotores sin habla dirigidos a mejorar la producción de los sonidos y las intervenciones dirigidas a funciones orales relevantes para la alimentación y la deglución.
La revisión sistemática de McCauley y colegas (2009), publicada en American Journal of Speech-Language Pathology, encontró evidencia insuficiente para establecer la eficacia de los ejercicios oromotores sin habla en la producción del habla.
Esto no significa que toda intervención oromotora carezca de utilidad, ni permite extrapolar esa conclusión a todas las intervenciones relacionadas con la alimentación y la deglución. Significa que debemos seleccionar las técnicas según el objetivo clínico, la evaluación y la evidencia disponible, en lugar de asumir que una técnica constituye por sí sola un servicio independiente (ASHA Evidence Maps).
2. Terapia de disfagia.
Es un término válido y ampliamente utilizado, especialmente en la práctica con adultos. Sin embargo, en determinados contextos pediátricos, la necesidad clínica puede abarcar mucho más que la deglución: habilidades de alimentación, aceptación de alimentos, selectividad alimentaria y otras dificultades que afectan la participación durante las comidas. Por eso, propongo considerar el nombre de Terapia de Alimentación y Tragado cuando describa mejor el alcance real del servicio. Esto no implica que la disfagia excluya los problemas de alimentación ni que todos los pacientes necesiten intervención en ambas áreas.
3. Terapia de apraxia.
El término identifica un diagnóstico, pero puede ser ambiguo si no se especifica el tipo de apraxia. En el caso de la apraxia del habla infantil, ASHA la describe como un trastorno motor del habla que afecta la planificación y programación de los movimientos necesarios para producir el habla. Su intervención corresponde al área de Habla-Lenguaje y puede requerir conocimientos especializados, objetivos específicos y una intensidad terapéutica individualizada (ASHA Technical Report).
Por eso, en lugar de crear automáticamente un servicio independiente denominado Terapia de Apraxia, podemos identificar el área de intervención y especificar la especialización: Terapia de Habla-Lenguaje con enfoque en apraxia del habla o con enfoque en la producción de los sonidos del habla.
Cuando los nombres pueden multiplicar las citas
Aquí está, para mí, el problema principal que debemos examinar.
Cuando organizamos los servicios exclusivamente por diagnóstico o técnica, existe el riesgo de crear intervenciones paralelas que atiendan objetivos iguales o muy similares, sin que necesariamente haya una justificación clínica para mantenerlas separadas.
Es importante aclarar que dos servicios con nombres diferentes no son automáticamente una duplicación clínica. Pueden existir objetivos complementarios, necesidades especializadas o razones justificadas para recibir intervención de más de un profesional. El problema surge cuando no podemos identificar qué aporta cada servicio, cómo se coordinan los objetivos o por qué resulta necesario mantenerlos separados.
Veamos algunos ejemplos:
| Lo que vemos | Lo que se duplica | Una posible organización |
| Terapia de Habla-Lenguaje + Terapia de Apraxia | Ambas trabajan la producción del habla | Terapia de Habla-Lenguaje con enfoque especializado en apraxia o en la producción de los sonidos del habla |
| Terapia de Habla-Lenguaje + Terapia Oromotora (para mejorar sonidos) | Ambas buscan mejorar los sonidos; la segunda con un enfoque de evidencia limitada | Terapia de Habla-Lenguaje |
| Terapia de Habla-Lenguaje + Terapia de Disfagia + Terapia Oromotora (para mejorar alimentación) | Se pude trabajar la dificultad con los alimentos y en el tragado en una sola terapia "Terapia de Alimentación y Tragado". | Terapia de Habla-Lenguaje y Terapia de Alimentación y Tragado. |
| Terapia Oromotora (para la alimentación) + Terapia de Disfagia | La función oral para comer es parte de la alimentación | Terapia de Alimentación y Tragado |
La propuesta no consiste en establecer de antemano que una sola terapia siempre basta. Consiste en que cada servicio tenga una función identificable, objetivos clínicos propios o complementarios y una justificación que pueda explicarse a la familia.
El costo de una fragmentación innecesaria no es solamente administrativo. Para las familias puede representar más citas, traslados, gastos y tiempo fuera del trabajo. Para el niño, puede significar objetivos distribuidos entre planes que no siempre se comunican entre sí. Para el sistema, puede implicar recursos destinados a intervenciones que no necesariamente aportan un beneficio adicional.
Si un niño con apraxia del habla infantil necesita mayor intensidad de intervención, debemos determinar cómo proporcionarla dentro de un plan coherente, con la frecuencia y el enfoque que sus necesidades clínicas justifiquen. No debemos asumir que hace falta abrir un servicio paralelo solo porque existe un diagnóstico específico.
La sobrecarga de terapias
La posible duplicación de servicios forma parte de una conversación más amplia: la sobrecarga de terapias durante la infancia. Hay niños cuya semana gira alrededor de las citas y familias que organizan su vida en función de ellas. Esto no significa que las terapias sean innecesarias. Significa que debemos considerar sus beneficios, la carga que representan y la coordinación entre los profesionales que participan en el cuidado.
Un estudio cualitativo publicado en 2026, que exploró las experiencias de 19 padres de niños con discapacidades del desarrollo, identificó preocupaciones relacionadas con la carga emocional y económica, la comunicación inconsistente entre profesionales y la fragmentación de los apoyos (Children and Youth Services Review, 2026).
Otro trabajo publicado en 2023 planteó la necesidad de avanzar hacia modelos de atención más inclusivos con los padres de niños con discapacidades del desarrollo, reconociendo que sus propias necesidades no deben quedar relegadas a su papel como colaboradores de la intervención (International Journal of Environmental Research and Public Health, 2023).
Cambiar cómo nombramos los servicios no resolverá por sí solo la sobrecarga terapéutica. Sin embargo, revisar la organización de las intervenciones puede ayudarnos a identificar duplicaciones evitables y mejorar la coordinación.
Antes de recomendar un servicio adicional, deberíamos preguntarnos: ¿qué objetivo cubrirá este servicio que todavía no está atendido? ¿Qué beneficio adicional esperamos obtener? ¿Cómo se coordinará con las intervenciones que el paciente ya recibe?
Mi propuesta: seis nombres para organizar nuestros servicios
Propongo que consideremos un modelo de seis categorías principales (tres de evaluación y tres de intervención), basado en el área de práctica y aplicable tanto a niños como a adultos:
| Servicio | Lo que incluye |
| Evaluación de Habla-Lenguaje | Evaluación de los sonidos del habla, apraxia del habla, lenguaje receptivo y expresivo, comunicación cognitiva, fluidez, voz y otras áreas pertinentes. |
| Terapia de Habla-Lenguaje | Intervención en las áreas identificadas, incluyendo articulación, fonología, apraxia del habla, lenguaje, comunicación cognitiva, fluidez, voz, tos crónica refractaria y obstrucción laríngea inducible, según las competencias profesionales y las necesidades del paciente. |
| Evaluación de Alimentación y Tragado | Evaluación clínica de la deglución, habilidades de alimentación, selectividad alimentaria, repertorio de alimentos y otras dificultades funcionales relacionadas con la alimentación. |
| Terapia de Alimentación y Tragado | Intervención en disfagia, dificultades de alimentación, selectividad alimentaria, habilidades funcionales para comer y otros objetivos individualizados relacionados con la alimentación y la deglución. |
| Evaluación de Motricidad Orofacial | Evaluación de la postura y movilidad orofacial, el cierre labial, los patrones de deglución, la respiración oral y otros patrones miofuncionales pertinentes. |
| Terapia de Motricidad Orofacial | Intervención dirigida a alteraciones miofuncionales identificadas, como postura lingual en reposo, cierre labial, patrones de deglución atípicos y hábitos orales, cuando exista una indicación clínica clara (diferenciándola de las dificultades exclusivas de alimentación). |
Los diagnósticos no desaparecen. Tampoco desaparecen las técnicas ni las especializaciones. Cada uno conserva su función: el diagnóstico ayuda a caracterizar la condición; la evaluación identifica las necesidades; los objetivos orientan la intervención; y las técnicas se seleccionan según su pertinencia clínica y la evidencia disponible.
Esta propuesta tampoco impide que un paciente tenga más de un plan terapéutico o reciba servicios de diferentes profesionales. Lo que plantea es que la separación entre servicios responda a una necesidad real y que sus objetivos se coordinen.
Estos seis nombres constituyen un punto de partida para conversar, no una clasificación universal que deba sustituir automáticamente todas las denominaciones actuales.
El reto de implementarlo en Puerto Rico
Reconozco que cambiar la forma de organizar los servicios no depende únicamente de la decisión de un profesional o de una clínica.
Los planes médicos, las autorizaciones, los códigos de facturación (CPT), los contratos y los requisitos de las entidades gubernamentales pueden condicionar las denominaciones utilizadas. En muchos casos, los códigos de facturación para nuestras terapias son sombrillas amplias (como el 92507 para habla y lenguaje o el 92526 para función oral y deglución); sin embargo, internamente algunos centros subdividen los servicios creando programas paralelos bajo nombres distintos, lo que puede llevar a duplicidad.
La propuesta tendría que evaluarse a la luz de estos requisitos, sin asumir que todos los sistemas permiten la misma flexibilidad, pero exigiendo mayor transparencia clínica. Precisamente por eso considero importante abrir esta conversación. Si identificamos principios compartidos para organizar y describir los servicios, tendremos una base más clara para dialogar con médicos, administradores, planes médicos y entidades gubernamentales.
Lo que no estoy diciendo
Sé que este tema puede generar desacuerdos, así que quiero aclarar lo que no estoy planteando:
No estoy diciendo que los colegas que utilizan estos nombres hagan mal su trabajo. Muchos términos forman parte de nuestra preparación académica, de las prácticas de los centros donde trabajamos o de los requisitos de las entidades contratantes.
No estoy diciendo que la apraxia del habla o la disfagia no requieran experiencia especializada. La requieren cuando las necesidades clínicas así lo ameritan. Esa experiencia puede identificarse dentro del servicio correspondiente, sin que necesariamente haya que crear una categoría de servicio separada.
No estoy prohibiendo técnicas ni enfoques terapéuticos. Propongo que el nombre del servicio describa el área de intervención y que las técnicas se seleccionen según la evaluación, la evidencia y las necesidades individuales.
No estoy diciendo que todos los pacientes deban recibir menos servicios. Algunos necesitan intervenciones múltiples, profesionales con competencias diferentes o una mayor intensidad de tratamiento. La cuestión es que cada intervención tenga una justificación clínica sustentable.
No estoy proponiendo ignorar los requisitos administrativos. Cualquier cambio debe considerar los contratos, la facturación y las autorizaciones aplicables.
Una invitación
El objetivo principal de esta propuesta es abrir una conversación honesta entre colegas sobre cómo organizamos y nombramos nuestros servicios.
Si logramos avanzar hacia criterios compartidos para describir lo que hacemos, podemos mejorar la comunicación con quienes nos refieren pacientes, facilitar la comprensión de los servicios por parte de las familias y promover planes terapéuticos más coherentes.
Al final, el nombre no es lo más importante por sí solo. Lo importante es que cada servicio tenga un propósito claro, responda a una necesidad identificada y aporte un beneficio que podamos explicar.
Los leo en los comentarios.
Fuentes
American Speech-Language-Hearing Association. (2007). Childhood apraxia of speech [Technical report].
Houtrow, A., Murphy, N., & AAP Council on Children with Disabilities. (2019). Prescribing physical, occupational, and speech therapy services for children with disabilities. Pediatrics, 143(4), e20190285.
McCauley, R. J., Strand, E., Lof, G. L., Schooling, T., & Frymark, T. (2009). Evidence-based systematic review: Effects of nonspeech oral motor exercises on speech. American Journal of Speech-Language Pathology, 18(4), 343–360.
Family experiences regarding treatments and therapies for children with developmental disabilities: A qualitative study. (2026). Children and Youth Services Review, 182.
Changing directions and expanding horizons: Moving towards more inclusive healthcare for parents of children with developmental disabilities. (2023). International Journal of Environmental Research and Public Health, 20(21), 6983.


Comentarios
Publicar un comentario